Las Crónicas de la Contramarca

No es ningún secreto que he usado (y abusado) de La Marca del Este para poner en marcha algunas de las más delirantes ideas que se me han pasado por la cabeza, llevando a cabo historias de humor absurdo en Valion sin el menor remordimiento.

Algunas de las cosas más bonitas que se ha dicho de ello y encima sólo basándose en lo poco que he “liberado” como la aventura Porque ella lo vale, ha sido “esto parece un capítulo de Hora de Aventuras” o “no sé qué te has fumado pero tienes que decirme quién es tu camello”. Aunque parezca mentira eso son piropos y me encanta.

Sin embargo, de alguna manera las historias que he puesto en tierras de La Marca del Este no ocurren exáctamente en La Marca del Este. Se parece mucho, comparten geografía y hasta personajes, pero en la auténtica Marca del Este un malo maloso no asesinaría a sus víctimas atiborrándolas de queso fundido hasta la muerte ni alguien sería poseído por un mal primigenio al fumarse las vendas de una momia ancestral. No, se parece y es casi igual por completo, pero la idiosincrasia cambia en profundidad.

Un fotograma de Los caballeros de la mesa cuadrada.

Así que ni cortos ni perezosos me dirigí a la gran biblioteca de Marvalar hasta descubrir el camino de la verdad, viajé hasta ruinas olvidadas en los confines de Neferu para recuperar pergaminos que estudiar con los mayores sabios filósofos de Salmanasar y, al final, descubrir que igual que es arriba lo es abajo, todo tiene dos polos y los semejantes y antagónicos son lo mismo. Lo cierto es que no tengo ni la menor idea de lo que significa eso, pero parece ser que todo tiene un contrario en alguna parte.

Y el contrario absurdo de La Marca del Este es La Contramarca. No está muy claro dónde ni cuándo está la Contramarca, pero existe de la misma manera que la Marca como si fuera un reflejo delirante de aquella: un mundo aparentemente igual pero que se sitúa sobre un nexo de universos que sólo pueden dar como resultado las más aberrantes y absurdas situaciones. Al parecer sin darme cuenta, todo había ocurrido (y sigue ocurriendo) en la Contramarca.

Espero que Los Aventureros Errantes y los Monty Python puedan perdonarme algún día.

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