Ilustración mostrando miembros de los diferentes estamentos del universo de Fading Suns, incluyendo una noble vuldrok, al que parece ser el propio Emperador Alexius, un gannok, y algunos más, superpuestos a una visión de un portal de salto. Éste es un universo representativo donde se intenta que haya mundos eternamente medievales.

Mundos eternamente medievales, III, por la fuerza

Mientras en los artículos previos contextualizábamos qué entendíamos por mundos eternamente medievales (o antiguos), así como las situaciones naturales que pueden afectar a su desarrollo tecnológico, en esta ocasión vamos a comentar el caso forzado. No cuando la fuerza es la de la naturaleza, que ya quedó cubierto por los anteriores posts. Por la fuerza de las armas si hace falta.

El tema es cuando existe un gobierno o un dirigente que hace esfuerzos activos para hacer detener el avance técnico. Esto, que puede parecer tan complicado y te hace levantar la ceja, ha ocurrido en el mundo real a una escala menos exitosa. Por suerte sus «aplicaciones» más duras y efectivas sólo han podido darse en la ficción. Existe una diferencia clave respecto de lo visto en anteriores artículos: la intencionalidad. Esa autoridad superior que pretende paralizar el estado tecnológico lo hace por un motivo, para mantener un status quo que le beneficia de alguna manera aunque de cara a otros puede intentar justificarlo como un bien general.

En esta ocasión y a diferencia de los posts anteriores, lo vamos a ver a través de ejemplos.

Si habéis pensado que hablaríamos de Warhammer 40000 y de cómo el Adeptus Mechanicus intenta atesorar la tecnología para sí, os habéis equivocado. Aunque no tengo dudas de que haya otros ejemplos que sí valgan y generen mundos eternamente medievales, en 40K la tecnología es más omnipresente que otra cosa.

No. Vamos a por novelas muy conocidas y juegos de rol que ya no tanto.

Por un lado tenemos Nacidos de la bruma, de Brandon Sanderson. En esta saga el Lord Legislador utiliza todas las armas posibles, figuradas y literales, para que su pueblo no pueda avanzar ni en la metalurgia. La maquinaria represora del Ministerio de Acero por completo, si es necesario, para someter a la población y mantener una sociedad estática durante mil años. Un milenio donde desaparece más conocimiento del que se produce, de represión y destrucción activa de saber, de asesinar a quienes intentan innovar, de aterrorizar con consecuencias funestas a todo el pueblo. Todo eso, desde el punto de vista del Lord Legislador, por un bien superior para todos. Claro, él lo ve así porque los villanos no se ven a sí mismos como villanos.

En Fading Suns, el juego de rol, ocurre algo parecido pero con mayor uso del poder blando. Los gobernantes pueden ejercer la violencia, claro, pero es la fe en el Privilegio de los mártires que propugna la Iglesia del Sol Universal la que impide el avance a mucha gente. Los siervos están convencidos de que la tecnología es un pecado y prefieren mantenerla lejos, dejando eso para los mártires de la nobleza. Incluso si eso les supone un perjuicio, porque pecar es peor aún. La nobleza, Iglesia y gremios comerciantes los mantienen así controlados por pura manipulación de la fe. No es un método infalible, pero sí muy efectivo. ¿Y para qué? Por mero control social y que los tres poderes, o al menos dos, se mantengan por encima de la plebe. Una motivación muy habitual de los malvados.

En ambos casos un gobernante omnímodo aísla a su población y prohíbe tecnologías, avances técnicos, o su uso. Al ser necesarios unos avances previos para posteriores, esto supone un impedimento del mayor calibre. ¿Esto es un freno absoluto? No, porque siempre hay quien intenta contrabandear o inventar cuando nadie más mira. Por pura satisfacción o inquietud personal. Para conseguir la parálisis científica completa es necesario buscar a esos individuos y eliminarlos o silenciarlos. Estamos hablando, claro, de tener una «policía de la tecnología». En Nacidos de la Bruma de eso se encargan miembros del Ministerio de Acero, mientras en Fading Suns cada gran facción política tiene sus propios agentes.

Mantener por la fuerza un nivel tecnológico bajo, al menos durante un tiempo, parece posible pero no es fácil ni barato. Con independencia del motivo de origen, la autoridad se convierte en opresor y antagonista, teniendo que dedicar muchísimos recursos para perpetuar la situación. Su situación.

¿Qué os parece? ¿Se os ocurren más formas de crear mundos eternamente medievales? ¿No? En ese caso creo que aquí acaba esta pequeña serie de artículos. Espero que os hayan gustado y si no siempre podéis decirme por qué en los comentarios.

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