En la fría oscuridad del lejano futuro sigue habiendo esperanza. Y es el único motivo real por el que funciona.
Warhammer 40000 es el universo donde la entropía parece permearlo todo. Un lugar donde todo parece abocado al fracaso más doloroso. Donde ninguna buena acción queda sin castigo, y los caminos de buenas intenciones parecen llevar siempre al infierno. Casi cualquier cosa que alguien intente va a acabar mal y la injusticia campa a sus anchas. Y, sin embargo, todo lo que los héroes de cada facción hacen, los que cuentan, sólo se puede entender a través de una esperanza indestructible.
Ésta aparece habitualmente disfrazada de sentido del deber. Dentro de una multitud de sistemas sociales en lucha constante nunca faltan unos mandamientos, un código de conducta o una cadena de mando que marque un camino claro. Pero quienes los cumplen luchando sin importar cuántas adversidades, lo hacen con la genuina esperanza de que al seguirlas conseguirán algo mejor. Claro que hay muchos que cumplen por otros motivos, algunos también omnipresentes en Warhammer 40000, como el miedo, pero esos personajes no mueven tramas ni épicas. Son los que tienen esperanza que alimente sus convicciones los que mantienen vivo el setting y las tramas.
Otras veces aparece disfrazada de fe y fanatismo. En esos casos no es tanto la esperanza de los efectos de sus actos en sí sino en la adhesión a unas reglas, por injustas o crueles que puedan ser, son lo que evita una espiral caótica. La sorpresa tal vez está en que también las normas de los dioses del Caos inspiran una visión del orden, única y propia que sólo sus discípulos comparten, pero una al fin y al cabo.
Por ejemplo Tzeenth es un manipulador y sus creyentes hacen cosas bajo sus designios con la esperanza de ver un resultado que puedan comprender. Nurgle es, paradójicamente, un dios cuyos seguidores esperan crear nueva vida, retorcida y putrefacta, a partir de corromper la existente. Por igual, los seguidores del Emperador tienen tanta esperanza en sus (muy malogrados con el paso del tiempo) preceptos que llegan a obrar milagros. Caso aparte el de los orkos, cuya tecnología y armas funcionan porque ellos confían en que lo harán.
Por supuesto que existen quienes no tienen esperanza, pero son sombras que pueblan el trasfondo sin ninguna relevancia. Incluso los personajes más nocivos e ignominiosos, los más malvados, actúan porque tienen la esperanza de conseguir algo en un universo que parece estático. Ah, ¿pero es que la esperanza en el mal cuenta? Claro, los malvados no se consideran malvados, simplemente tienen una forma de ver las cosas con una ética diferente.
Es por todo esto que dentro del universo de Warhammer 40000, origen de lo grimdark, el hecho diferenciador resulta ser la esperanza. El alimento que mueve igual a los personajes de las partidas de rol, las ansias de Abaddon por destruir el Imperio y que, incluso tras ser destruida, Cadia resista.

