La matanza de los inocentes, motivaciones de los malvados (II)

Fotograma de El precio del Poder. Toni Montana frente a montones de bolsas de polvos de talco.

(Viene del artículo anterior) Dicho ésto, las motivaciones más frecuentes (o al menos las que se me han ocurrido) podrían ser las siguientes:

  • Ambición. Aunque lo más evidente es el dinero, no es el único motivo por el que los malvados son capaces de actuar, pudiendo encontrar ejemplos de ambicionar determinados objetos (hace unos años, un niño mató a otro por dinero virtual en un juego online, no pongo enlaces porque todos los que he encontrado contienen imágenes con cuya difusión no estoy de acuerdo), el célebre príncipe Paris sedujo a Helena de Esparta, provocando la consabida Guerra de Troya. Mengele y la Báthory entrarían en esta categoría de motivación.

  • Poder. Típico, tópico, muy usado y más frecuente aún. Los grupos influyentes y controladores de determinados ámbitos, ya sean gobiernos, grandes empresas, mafias o incluso comunidades de vecinos, tienden a generar a su alrededor conflictos de intereses que tienen cierta tendencia a provocar actos moralmente reprobables, ya sea con el objetivo de defender el poder que ya se tiene o conseguir más cuota del poder que ostentan otros. Buenos ejemplos los encontramos en la trilogía de El Padrino o en la constante guerra de dimes, diretes, puñaladas traperas y patentes asesinas que se dan a diario entre las empresas de tecnologías en la actualidad.

  • Notoriedad. Aunque podría considerarse una variación de la ambición en sí misma, por ser algo tan intangible y extraño de entender, lo pongo aparte. Hay malvados que lo son por simple interés en conseguir notoriedad, de hacerse famosos y que su nombre perdure en el tiempo, que sus actos en vida sean un monumento a su propia egolatría. Uno que lo consiguió fue Mark David Chapman, que asesinó a John Lenon para hacerse famoso a su costa.

  • Orden de arriba. En el nombre de los diferentes dioses se han hecho auténticas barrabasadas (aunque en su mayoría simplemente fueran excusas para camuflar luchas de poder político y económico). “Deus le volt” (Dios lo quiere) fue la justificación para las Cruzadas, donde las masacres de “infieles”, el saqueo, pillaje y captura de esclavos estaba a la orden del día. Charles Manson, instigador del asesinato de Sharon Tate (entre otras víctimas) afirmaba ser “la voluntad de Dios” y Pedro Nakada (apodado “el Apóstol de la muerte”) creía que Dios le había encargado que limpiara el mundo de drogadictos, homosexuales, prostitutas,… Pero no hay que irse tan arriba, para el caso de los malvados que pertenecen a una organización, existen estudios psicológicos que demuestran que recibir una orden se convierte en una justificación casi absoluta para cometer los crímenes más atroces en nombre del deber y se anula casi por completo la sensación de arrepentimiento. De ésto sería un gran ejemplo la actuación de los oficiales y soldados al cargo de los campos de concentración en la Segunda Guerra Mundial.

  • Venganza. Siendo un plato que se sirve frío, la venganza es una poderosísima motivación para las personas. Tanto que incluso puede consumir la existencia misma y convertirse en el centro mismo de la vida. Afrentas, daños a la propia persona o a los seres queridos, o incluso el haber visto frustrados los propios objetivos, con causas posibles y comunes de una motivación así, siendo en muchos casos tal el interés en la venganza que se lanza no sólo contra la persona o grupo que la provoca originalmente, sino sobre un colectivo completo. Incluso en España tenemos casos trístemente célebres sobre venganzas que se llevan hasta las últimas consecuencias, como la masacre de Puerto Hurraco. Sin embargo, a nivel argumental, la venganza se usa incluso más para justificar las acciones de “los buenos”, puesto que parece más sencillo justificar que alguien se comporte de manera brutal contra aquellos que ya le han hecho algo malo, incluso llegando a superar el acto original en cuanto a violencia, como en el caso de la película Un ciudadano ejemplar.

  • Supervivencia. En ocasiones la supervivencia de algunos puede implicar la muerte de otros, bien sea como acto de defensa en sí mismo (en cuyo caso no estaríamos hablando de un malvado) o como forma de asegurar las mayores probabilidades de superar un trance concreto. Los indios de norteamérica tienen la figura del wendigo como ejemplo del monstruo en que se convierte un hombre cuando se ve obligado a comer a sus semejantes para sobrevivir, y estoy tentado de mentar cierto hecho de la novela El juego de Ender en que la supervivencia convierte al dócil en una bestia sanguinaria durante un breve periodo de tiempo (y no diré más porque sería destripar).

  • Odio/miedo. El miedo a aquello que no conocemos lleva a reaccionar de forma agresiva y violenta a muchas personas (caso típico de violencia xenófoba), en que los malvados simplemente reaccionan intentando reducir a la mínima expresión a aquello o aquellos que no entran dentro de su concepción simplista del mundo, y que le obligarían a salir de un “espacio cómodo” y enfrentarse a realidades diferentes de las que tiene en mente. El miedo y el odio van frecuentemente de la mano, aunque el odio pueda existir por sí mismo como una forma de sentimiento paralela a la idea de la venganza. Casos famosos serían la promoción de conflictos étnicos y poblacionales que se dan cada cierto tiempo en forma de guerras civiles (como la antigua Yugoslavia, Ruanda, etc.), aunque es frecuente que estén implicados otros intereses, como los económicos (Diamante de sangre) y haya participantes externos que alimenten esta motivación movidos por el poder o la ambición.

  • Locura. A pesar de que estaremos hartos de escuchar frases como “está loco” cuando, incluso los medios de noticias, se refieren a los perpetradores de determinados hechos luctuosos, estar loco en sí no es un motivo para matar. La locura (la llamo así por entendernos fácil a nivel coloquial, tampoco es plan de liarnos con términos de psicosis, esquizofrenias o lo que toque) puede provocar un alejamiento de la realidad, haciendo que el afectado tenga delirios y alucinaciones que le lleven a pensar que el mundo que lo rodea no es tal, sino otro muy diferente. En estos casos, dentro de la mente del enfermo todo tiene una lógica aplastante y aunque el resto no seamos capaces de entenderlo, la lógica de sus motivaciones es aplastante. Me vienen a la cabeza los casos de Álvaro Bustos (ex-Trébol, un grupo pop que gozó de cierta fama en los 80 y que mató a su propio padre, convencido de que éste era la reencarnación del diablo y estaba haciéndole un favor al mundo) y Richard Chase (el vampiro de Sacramento, que estaba convencido de que se estaba descomponiendo por dentro y la única manera de evitarlo era consumir la sangre y otras partes del cuerpo de las personas a las que asesinaba).

Jigsaw, el malvado de la saga Saw.
El maluto de Saw encima va de salva vidas y aleccionador.

Como podeis ver, los malvados siempre tienen una justificacion para sus actos, rara vez hay algo aleatorio en sus decisiones, sino que incluso entre los criminales más aberrantes (y los directores más escrupulosos del FMI) siempre hay un motivo detrás de sus actos que, para ellos, convierten en adecuadas y correctas sus actuaciones en la vida.

Los malos de nuestras partidas también deberían, no ser “como son porque es así como son”, sino ser malvados porque sus motivaciones los llevan a provocar actos que dañan a otros o directamente son execrables.

Espero que no tengáis pesadillas sabiendo algunos ejemplos de los que son así y son reales…

La matanza de los inocentes, motivaciones de los malvados (I)

La llamada Matanza de los Inocentes es un caso aparecido en los evangelios del Nuevo Testamento cristiano, concretamente en el evangelio de Mateo y algunos apócrifos. Es un episodio que a todos nos suena: Herodes (al parecer Herodes I el Grande, Rey de Judea en vasallaje de Roma), tras conocer por boca de los hombres sabios venidos de oriente (los Reyes Magos, vaya) que ha nacido en Belén un descendiente de la estirpe de David y, por lo tanto, rey por derecho de nacimiento de los judíos, ordena asesinar a todos los niños menores de dos años nacidos en la zona (ya que la aparición de un rey de la estirpe de David podría hacer peligrar el dominio romano y por tanto su propio mandato sobre el territorio).

Pintura clásica ilustrando la matanza de los inocentes.

Un hecho aberrante y monstruoso, que no voy a discutir si ocurrió o no porque no viene al caso, pero voy a utilizarlo para observar durante unos minutos lo que me parece que nunca es un hecho bastante meditado: las motivaciones de los malvados y cómo utilizarlo para crear personajes más consistentes e interesantes en las tramas.

Creo que, en muchos casos, tendemos a abusar (yo el primero) de los personajes antagonistas un poco planos, faltando la definición de los motivos por los que son como son, las causas por las que se convierten en enemigos y con frecuencias se les califica de malvados.

Hay dos cosas cosas que creo que todos los DJ tenemos en mente cuando creamos una historia de rol: queremos que sea divertida y emocionante, que los jugadores disfruten y a la misma vez tenga ese componente de reto que haga que exista un componente emocional. Sin embargo, y tal vez porque soy de esos que juegan de tanto en tanto, creo que muchas veces olvidamos que una partida es mejor si, además de cumplir las dos condiciones anteriores, es memorable.

Una de las muchas formas de hacer memorable una aventura, es crear un enemigo memorable y para crearlo, nada mejor que darle unas motivaciones únicas y creibles. Y para eso, antes de nada tenemos que tener claras dos cosas que ocurren en la mente de un villano:

  • En su propia concepción de los hechos lo que el villano hace no está mal o al menos son un mal menor. Da igual cuan aberrante parezcan sus actos, siempre existirá una justificación que para él hace que sus acciones sean algo que tienen que ocurrir, incluso si los demás no son capaces de verlo. Herodes tomó una decisión política (ante la duda de cual era el niño rey, matarlos a todos aseguraría el status quo y evitaría una guerra civil), Erzsébet Báthory asesión a cientos de niñas y jóvenes para mantener su juventud (y según la educación que había recibido, los súbditos no valían mucho más que una alimaña), incluso el terrorista Anders Breivik justificó el atentado con bomba y su asesinato de docenas de niños en un campamento, basándose en una ideología de extrema derecha y una visión distorsionada de los templarios.

  • El fin de sus actos le beneficia de alguna manera, incluso si en algún momento el resultado final es que es capturado o llega a morir. Para algunas personas sus fines son más grandes que su vida y la propia muerte es un medio para conseguir algún fin más allá, considerándose a sí mismos un sacrificio por la causa. Nadie destruye la Tierra sin un buen motivo y si no le hace ganar algo. Burke y Hare asesinaron a toda una serie de personas para vender sus cuerpos para estudios médicos (ah, el vil metal), Josef Mengele torturó y asesinó de maneras inenarrables a miles de prisioneros en los campos de concentración nazi en nombre de la ciencia y la medicina, Vlad Tepes creaba bosques de empalados como una forma de hacer un castigo ejemplar y a la misma vez para crear una imagen temible que le ayudaba a mantener a raya a sus enemigos (abundantes y más poderosos).

Otra escena pictórica clásica recreando la matanza de los inocentes.

Así, cuando creamos un adversario, debemos tener en cuenta que su motivación debe estar justificada y a la misma vez suponerle un beneficio en algún momento (encontrarlo puede ser lo interesante). Y sobre todo, particularmente en el mundo real, recordar que las cuestiones morales rara vez son blancas o negras y a veces llegamos a empatizar con los que cometen actos aparentemente malvados, porque sus motivos nos parecen nobles (algo que considero que es un campo a desarrollar en juego, pero que puede ser complicado de llevar e incluso sentar peligrosos precedentes… o tal vez sirva para ver de que pie cojea alguno). Y ojo, es evidente pero tal vez induzca algo de confusión con los ejemplos (que he utilizado de forma algo maniquea por ser brutalmente evidentes): los malvados no siempre tienen como objetivo la muerte o utilizan ésta como herramienta para sus fines, algunos son más ladinos y hasta más peligrosos por conseguir otras cosas (a día de hoy, aunque no salgan en la tele por ello, seguramente donde más malvados por metro cuadrado podríamos encontrar es en Wall Street o en los despachos de más de un ministerio).

El lunes, el resto (suponiendo que haya alguien con ánimo de leer el último día del año).