Las Escamas de la Justicia, armadura para La Marca del Este

Armadura de cota de escamasSe desconoce quién ni cuando creó estas armaduras, aunque a juzgar por la gran cantidad de melladuras y la suciedad que parece imposible de eliminar por completo, por mucho que sus dueños intenten bruñirlas, deben ser tremendamente antiguas.

Imbuidas del poder mismo de la virtud y la justicia, las Escamas de la Justicia son tremendamente difíciles de destruir incluso cuando su portador muere fruto del combate más encarnizado y poseen una cualidad innata, bien fruto de los hechizos anclados a su misma esencia o bien del destino, para acabar llegando a las manos de otros héroes capaces de hacer el mejor uso posible, defendiendo a los débiles y acabando con los siervos del mal allá donde fueren.

Propiedades

Armadura de escamas +3 con Protección contra el Mal (como el hechizo de Mago de Nivel 1). Es algo más ligera que una armadura de escamas convencional, pesando sólo 15Kg.

Información adicional

Tipo: Armadura.
Rareza: Raro.
Alineamiento: Legal.
Valor: 2500mP

12 meses, 12 módulos – Fractura

Este mes soy yo el responsable del módulo publicado en la iniciativa 12 meses 12 módulos. Así que, os invito a que paséis por allí a conocer lo que puede ocurrir cuando una fragata imperial se ve azotada sin protección por el espacio disforme y los acólitos de la Inquisición de Warhammer 40000 Dark Heresy se disponen a descubrir cualquier indicio de corrupción.

Blade Runner, película de culto e inspiración

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y que se han cumplido 30 años de su estreno (y por lo tanto es una película moderna, ya que se estrenó después de que yo naciera y ese criterio no admite discusión), se me ha ocurrido que podía comentar un poco hasta qué punto una única película es capaz de convertirse en el referente visual de todo un género (el cyberpunk) y por ende, de toda una corriente de juegos de rol posteriores.

Es de sobras conocido que Blade Runner está basada (yo casi diría más bien inspirada, ya que los puntos de distanciamiento son muy grandes) en la novela corta (o cuento largo) ¿Sueñan los robots con ovejas eléctricas? del enormísimo Phillip K. Dick.

Sin embargo, el tono y la ambientación de la novela no es el mismo que en la película, siendo en la primera una distopía mucho más clásica, más cercana a 1984 o Fahrenheit 451 que al mismo trasfondo que existe en la película de Ridley Scott.

Precisamente en el tono y ambientación creo que es donde Blade Runner ha creado tantos deudores. Aunque pocos podrían discutir que William Gibson es el padre (tal vez no en solitario, pero sí como el más influyente) del género cyberpunk, Blade Runner son los genes de la imaginería del género.

Las calles atiborradas de personas hasta el agobio, caminando tan pegados que deben aprender a soportar el roce continuo del resto de viandantes anónimos, con el mismo futuro gris, vestidos con ropas de colores apagados y anodinos, bombardeados constantemente por anuncios de colores chillones que gritan las consignas mercantiles a todo volumen, permanentemente protegiéndose de la lluvia ácida en constante penumbra provocadas por la salvaje contaminación del medio ambiente. La humedad y la suciedad impregnándolo todo, en tal grado que incluso el aire mismo se torna denso, opresivo, tan opaco que incluso la luz más fuerte parece ahogarse en su misma fuente.  El aspecto de la decadencia de la civilización humana alcanzada a través de su propia eficiencia; la especie muriendo lentamente por culpa de su propio éxito.

Una visión de una calle desierta en el Los Ángeles de Blade Runner
Los Ángeles, 2019

La imagen de una película que jamás pretendió pertenecer a un género (que por entonces ni siquiera existía como tal) y que lo ha influido tanto que treinta años después se siguen utilizando las mismas bases que asentó el mundo donde Rick Deckard buscaba a los pellejudos. Evidentemente, los juegos de rol no han sido impermeables a ello (ni lo han pretendido nunca) y no sólo Cyberpunk (en sus distintas encarnaciones 2013, 2020 y… esas otras) y Shadowrun (los dos juegos de ambientación cyberpunk por antonomasia) han sido llevados de la mano por Bladerunner en búsqueda de su identidad, sino que otros tan distintos como Vampiro (y todo su universo gótico-punk) o Warhammer 40000 (Sobre todo en su encarnación más Dark Heresy ¿Qué es una ciudad-colmena sino una arcología llevada a su máxma expresión?) tienen no ya indicios, sino trazas evidentes de la imaginería bladerunneriana en sus bases. Y sólo por citar algunos de los que conozco, estoy seguro de que cualquier lector podría añadir más nombres a la lista (y espero que lo hagáis, que me encanta descubrir lo que no sé).

Una calle atestada de gente.

Sinceramente creo que si no hubieran hecho esta película, el mundo literario y rolero tal y como lo conocemos hoy no habría existido nunca. Tal vez se parecería, no sería igual.

¿Qué pensáis vosotros?

Opinión personal sobre los retroclones

El tema de los retroclones es una de las cosas que ha hecho correr más ríos de tinta en los últimos tiempos por los diferentes lugares en que me he movido, imagino que en nuestro país incentivado también en buena parte por el éxito que ha cosechado La Marca del Este. Pues sí, pues no, son simples de manejar, usan sistemas de juego arcaicos, apelan a la nostalgia más que a la calidad, etcétera.

Vaya por delante como anotación que los retroclones no son una cuestión exclusiva de los juegos de rol, ni de D&D. Ahí tenéis ejemplos ya de años de antigüedad con el Mini Cooper en el ámbito automovilístico o el éxito de los videojuegos de estilo totalmente 8bits como Super Meat Boy en tiempos bastante más recientes.

Yo tengo sensaciones enfrentadas con el tema del retroclonismo. Me explico. Por un lado me resulta liberadora la aparente sencillez que lo envuelve todo, los sistemas de reglas sin complejidades desmesuradas y sin pretender tener un perfecto calco de la realidad, la simplicidad de las aventuras y probablemente la acción más directa. Eso me permite tener una catársis de diversión directa y “en bruto”, sin complicaciones ni limitaciones que en otros entornos llegan a ser un estorbo.

Lo que veo que pierdo con el ámbito retro son, con demasiada frecuencia, los sistemas de reglas avanzados (no por complejidad, sino por depurados y aptos para toda situación sin retapadillos), así como el énfasis que se ha ido desarrollando a lo largo de los años hacia aventuras más complejas a nivel narrativo y potenciando los aspectos más distantes del combate, añadiendo intriga, suspense y cuestiones sociales como una dimensión más.

Si tuviera que compararlos con el cine, haría la equiparación entre Los Mercenarios (Expendables) y El silencio de los corderos. El silencio de los corderos es un ejercicio narrativo de una madurez tremenda, tocando temas y personajes de moral brutalmente gris, donde la violencia no es física y la tensión es emocional. Divierte y entretiene por el maremágnum psicológico, pero puede llegar a ser agotador.

Habrá quien diga que Los Mercenarios (y los retroclones) adolecen de falta de calidad y desarrollo, y puede que en algún caso sea cierto, pero la parte que a mí me gana es la diversión inmediata, sin complicaciones, directa al grano, que disfrutas como un enano con frutos secos y refrescos en la mesa, hasta dando saltos de alegría cuando ensartas el corazón del dragón. Un auténtico placer que, si bien tal vez con el tiempo sientes que echas en falta algo con “más sustancia”, siempre mantiene su capacidad de liberación de las complicaciones habituales.

Es que al final, lo que prima sobre todo lo demás, es siempre la diversión.