Desafío 30d, día 3: Juego más odiado

Al igual que con mis juegos preferidos, tampoco tengo un juego más odiado de manera absoluta.

Durante mucho tiempo le cogí tirria a Rolemaster, precisamente porque cuando jugaba se nos hacía eterno resolver cualquier cuestión. Además, aunque me gusta que un sistema sea detallista, el grado de control sobre cualquier detalle que tiene Rolemaster me resulta hasta excesivo, y hasta absurdo a veces por los resultados que podían obtener en las tablas (la daga que atraviesa el cerebro del troll entrando por el oído… de un mediano? ¿La daga de un mediano, que no llega a la altura de la rodilla, entrando por el oído del troll? ¿En serio?)

Después de aquello llegué a odiar el D20. No por el sistema en sí, que nunca me ha dicho ni fú ni fá, sino por la época que todos recordaremos en que parecía que iba a fagocitar todo y que todos los juegos iban a ser D20. Era como un virus que lo invadía y lo infectaba todo. Sálvese quien pueda.

Desafío 30d, día 2: ¿Cual es tu juego favorito?

Mi juego favorito… uf, qué difícil. Creo que no tengo un único juego favorito y más bien tengo juegos favoritos dentro de cada género.

Por ejemplo, en el mazmorreo he descubierto hace relativamente poco que me quedo con La Marca del Este (apoyada un poco por OSRIC).

En ciencia ficción tengo a Shadowrun, Dark Heresy y Fading Suns.

En horror Tengo a La Llamada de Cthulhu y Vampiro (sí, porque mis partidas de Vampiro siempre fueron de horror).

Otros juegos han pasado por mi vida, pero estos son los que son y serán mis preferidos dentro de lo que cada uno representa.

Desafío 30d, día 1: ¿Cómo comenzaste en los juegos de rol?

Corría el año 91, no recuerdo si fue al final del colegio o el principio del instituto, y un compañero un año mayor llegó un día con un libro rarísimo de tapas rojas. Era el viejo Señor de los Anillos de Joc Internacional. Un juego de rol, fuera lo que fuera eso.

El chico se lo había agenciado al ir a la capital (es lo que tiene ser de pueblo) y nos propuso algo tan sencillo como jugar una partida, fuera lo que fuera eso. Como la cosa estaba algo cogida por los pelos cada uno de los posibles interesados fue pasando por casa del susodicho a hacer las fichas de personaje (qué cosa más llena de números, oiga), y al cabo de un par de semanas pudimos organizar una partida.

No puedo decir que la recuerde, porque de aquella primera partida sólo me quedan vagos recuerdos, pero está claro que nos gustó y quisimos repetir (el DJ no cabía en sí de sorpresa) y fue el comienzo del contacto con la afición más duradera de mi vida.

Cero misterio con la forma en que yo comencé en los juegos de rol. Bueno, tal vez el cómo funcionaban algunos críticos y cómo puñetas todo el mundo tenía magia en aquella extraña Tierra Media, pero fue un buen punto de partida.