Desafío 30d, día 30: Los juegos de rol deberían ser más…

Dos cosas, sobre todo.

Para aquellos que jamás van a acercarse a los juegos de rol deberían ser más conocidos. No es que me afecte demasiado (la afición sobrevivió a los casos de Javier Rosado y José Rabadán), pero no es de recibo que algo tan sano y que tiene tantísimos beneficios para una personalidad sana por pura ignorancia (y creo que mala fe por parte de algunos periodistas, cuyo interés por la verdad era bastante menor que el de conseguir más audiencia), haya cargado y cargue durante tantos años con el estigma de ser un nido de asesinos, etc., etc. Supongo que sabréis a lo que me refiero.

Por otro lado y ya para los que sí que se van a conocer el rol o meterse en él, creo que debería recuperarse la costumbre de publicar kits de introducción a los juegos con una pequeña explicación de las reglas básicas y una especie de aventura autojugable. Recuerdo que hace años eso se hacía y creo que yo he llegado a tener kits introductorios de Shadowrun y para quienes no habían jugado jamás era algo muy interesante para prestar y que cogieran los conceptos básicos sin mucha complicación y sin asustarse de toparse con un manual de cientos de páginas (todo se andará). Un libretillo en blanco y negro, con unas poquitas ilustraciones y lo básico de lo básico, con un ejemplo mínimo de cada cosa del juego… perfecto. Así que, en general, deberían hacerse más asequibles, pero no en contenidos, sino en escalabilidad y formato.

Y con esto quedan liquidados los 30 días del Desafío… y sin faltar a ninguno!

Desafío 30d, día 29: Manías que tengo a la hora de jugar

No son manías en sí (soy tan inconstante que no puedo tener ni vicios ni manías, se me olvida que los tengo y se acaban pronto), sino costumbres que mantengo (salvo que se me olviden) y que creo que son también típicas de todos los jugadores.

Siempre llevo mis dados (aunque no me molesta que me los cojan, sí que me los perdieran o me los sisaran, que me ha pasado más de una vez), procuro llevar mi propio lápiz y goma, incluso a veces llego a sacar una copia en limpio de mi personaje en fichas “más bonitas” o más prácticas para mejorar el original. Soy también de los que hace dibujito de todos sus personajes, aunque tenga que ser en el margen o por detrás.

Como DJ tengo una tendencia inusitada a cargar con un millón de manuales y material adicional, “por lo que pudiera pasar”, sin que prácticamente jamás lo haya tenido que utilizar. DJ precavido vale por dos, pero yo suelo cargar precaución como para tres o cuatro.

Desafío 30d, día 28: Definete como director de juego

Como director de juego (y creador de aventuras, ya que yo siempre prefiero jugar aventuras que yo haya creado) puedo decir que soy metódico, extenso y vago a partes iguales.

Procuro ponerme en la piel de los jugadores y repasar una vez tras otra todas las posibilidades que se pueden dar en las partidas, poner retos complicados pero manejables (en mis partidas mueren más personajes por fallos suyos o incluso acciones descerebradas o directamente estúpidas que porque los enemigos o las situaciones sean fatales de necesidad), aumentar siempre el nivel de las problemáticas y sorprender, siempre sorprender con cosas nuevas y que dejen marca.

El ser vago es caso aparte. Me da a veces tanta pereza tener que buscarme monstruos y antagonistas dentro de los manuales oficiales de cada juego, que me resulta menos trabajoso inventarlos y añadirlos a las partidas por mi cuenta. Así tengo luego recopilaciones de decenas de tipos de criaturas y enemigos a los que echar mano.

Desafío 30d, día 27: Definete como jugador

Puf, ya empezamos con las preguntas jodidas.

Creo que soy un jugador asequible, me porto como me gusta que se porten los jugadores en mis partidas, es decir: colaboro con el grupo, procuro hacer siempre sinergia entre mi personaje y el resto aún conservando una identidad propia, jamás le discuto nada al DJ durante la partida y no soy de hacer experimentos raros (mejor un personaje de ficha sencilla y personalidad trabajada que un ejercicio de matemáticas y memoria a lo largo de media docena de manuales diferentes).

Desafío 30d, día 26: Mi dado preferido

¡El D10!

No cabe la menor duda, es mi dado favorito desde el primer día. Bien puede ser que influyera en ello Vampiro (el primer juego que dirigí) y los muchos dados que utilizaba, pero la cuestión es que no hay ningún otro dado que me resulte tan carismático y característico del rol como el dado de diez caras.

No, ni siquiera el D20, tan asociado al rol por ser el más utilizado en D&D (decano de los juegos de rol donde los haya), ni el D6 (probablemente el más usado, aunque sólo sea por las docenas y docenas que hay que lanzar en Shadowrun o los muchos que lancé en Star Wars). Ni el D4 (con lo mucho que me gusta por servir para “minar” el terreno), ni el D8 (que en lo personal, a mí ni fu ni fa), ni el denostado D12 (¿Para qué se usan esos?).

Me quedo con el D10.

Desafío 30d, día 25: El sitio más extraño en el que he jugado

Pues no se me ocurre. ¿Qué sitio es extraño? Ni idea. Yo he jugado siempre en casas particulares, en algún bar, en una asociación, en una ocasión jugué en la mesa de un merendero,… Pero nada, ni en un ascensor, ni en un avión, ni sobre el techo de un coche a la fuga después de ganar una carrera del cuarto de milla perseguido por la policía.

Desafío 30d, día 24: La sesión que menos ha durado

Creo que la he nombrado ya unas cuantas veces como uno de los hechos más lamentables en todo el tiempo que llevo jugando rol. Es el intento de partida de Zombie AFMBE en que, intentando hacer el principio de una campaña de supervivencia a largo plazo que se planteaba desde el primer día de la invasión zombie, un jugador decidió que aquello era demasiado aburrido y procedió a reventar la partida desde dentro, faltando primero al concepto de personaje, después a la diversión del resto de jugadores (a los que sí les atraía la idea) y por último a mi trabajo.

Lo que más me jodió fue el mal regusto que quedó del juego, a pesar de que la culpa la tuviera un jugador concreto. En dos ocasiones he visto que ocurría eso (dos jugadores que se aburrían y decidían dinamitar la diversión ajena por gusto) y a los dos jugadores les eché la cruz.

En este caso (que me estoy yendo por las ramas rencorosas) la partida no pasó ni de los tres cuartos de hora. Triste y lamentable como pocas cosas.