[La Marca del Este] Los Hermanos del Acero

Un paladín armado con escudo grande y martillo.Los Hermanos del Acero son una cofradía de mercenarios que sólo lucha por aquellas causas en las que creen que existe justicia y en pos de la libertad de unos y otros, independientemente de su procedencia o raza. Los Hermanos del Acero (como su propio nombre parece indicar) son sobre todo hombres de armas: guerreros, exploradores y paladines, pero también admiten a miembros de otras profesiones siempre y cuando su alineamiento sea bueno.

El credo es bien sencillo: proteger el bien y defender la libertad a cualquier precio excepto el asesinato a sangre fría aun a costa de la propia vida, y por supuesto, el apoyo a cualquier otro Hermano. Los Hermanos del Acero prefieren acciones de defensa y rara vez participan en asaltos excepto que el resultado de no hacerlo sea la muerte de inocentes. Por supuesto, jamás atacan a nadie sin que haya actuado contra otros (incluso aunque una criatura sea malvada, si no comete actos malvados realmente perniciosos es muy difícil que provoque una reacción de los Hermanos.

Los actos de delincuencia más comunes no constituyen para la cofradía motivo de acciones contundentes, y se procura capturar a los malhechores para entregarlos a las autoridades de cada lugar. Eso puede incluir camorristas, ladrones, tahúres,…

Sin embargo la fama de los Hermanos no viene de sus acciones contra criminales comunes. Cuando alguien o algo se hace merecedor del filo de la espada según el credo de los Hermanos no hay manera humana de que cesen en su intento de eliminarlo. Sólo los crímenes más horrendos pueden hacer que alguien se convierta en el objetivo de los Hermanos del Acero, pero en ese caso se reúne un número suficiente de ellos y se lanzan a su destrucción sin más cuidado que evitar el perjuicio de inocentes. Siempre encontrarán la manera de localizarlo y acabar con él, eliminando toda resistencia con un celo justiciero imparable, aniquilando cualquier secuaz que sea tan estúpido como para cruzarse en su camino.

Un Hermano rompiendo las cadenas.Los Hermanos son implacables cuando entran en batalla y rara vez se retiran, a pesar de que parezcan tener todas las cosas en contra, cuando se trata de detener la amenaza de un malvado. Sin embargo no son fanáticos descerebrados y utilizaran estrategias elaboradas cuando la situación lo requiera y saben retirarse para volver con más fuerza si ven que su muerte puede ser en vano.

Hay miembros de los Hermanos del Acero en casi todas las ciudades de Reino Bosque, dependiendo el número de la cantidad de población. En las ciudades más grandes puede haber una sede con varias decenas de miembros y en las aldeas más pequeñas es posible que apenas haya uno que viva a caballo entre varias de ellas. Se podría decir que su sede está en Marvalar donde una vez al año se reúnen todos los que no están en una misión, para recitar los juramentos de hermanamiento y celebrar el aniversario de la fundación por todo lo alto y abundante vino.

Los líderes de la cofradía son Err’Ik Ad Damms y Jued Maiur que, curiosamente, son bardos. Ambos se encuentran, por lo general, en Marvalar, aunque en ocasiones viajan en apoyo de grupos de Hermanos cuando una misión es bastante importante.

Para escuchar el sonido de la libertad muchos han dado su vida, lucharon por tí y por mi.
Su memoria vivirá siempre en silencio. Ahora es nuestro momento de ser libres.
Decid las palabras y seréis libres, desde las montañas hasta el mar.
Lucharemos otra vez por la libertad.

El segundo

Mi segundo juego fue Shadowrun (2ª edición), en edición de Zinco. Los más viejos podrán recordar aquel manual con la esquina superior derecha en amarillo chillón, marcando “Segunda edición corregida” y que desentonaba en aquella portada como una monja en un sexshop.

Al margen de la genialidad de la ambientación y de lo bien hilado que se encuentra todo su trasfondo (y su metatrama, como he podido ir comprobando con los años a pesar de no haber sido nunca capaz de seguirla de primera mano), yo todavía no lo sabía y todavía tardaría unos meses en entenderlo, pero Shadowrun (SR para los amigos) iba a cambiar por completo todo lo que yo tenía en mente sobre los juegos de rol.

Hasta ese momento yo había jugado a MERP, La Llamada de Cthulhu y Cyberpunk, y reconozco que los tres me gustaban, aunque a todos les veía alguna clase de fallo. Con el paso de los años he descubierto que la mayor parte de los fallos no eran de los juegos en sí, sino de la inexperiencia con que el DJ y los jugadores nos movíamos. En lo más básico se trataba de lo encorsetado de las reglas y lo limitado del universo “práctico” que ponían a disposición de los personajes.

Me explico. Los universos pueden ser enormes, saber que existen cientos de lugares, que te cuenten que hay docenas de poderes fácticos y lo que quieras, pero en fin último la mayor parte de los datos son poco más que bosquejos de información que al final no ves que termine de fraguar. Como ya he dicho, en realidad, el error no es tanto de los juegos como de los roleros y era nuestra propia juventud lo que nos hacía concentrarnos demasiado en lo que había como para rellenar los huecos que no había.

Siempre he pensado que existen dos aproximaciones de novato a los juegos de rol: una es la de “si esto está puesto así por algo será” y la otra es “qué tontería, yo puedo hacerlo mejor”. El novato que cree que puede hacerlo mejor es capaz de aniquilar el reglamento y desajustarlo todo con tal de que el juego sea como él quiere, mientras que el otro procura no tocar nada y considerar los reglamentos como leyes escritas en piedra.

Nosotros debimos ser de los segundos, porque no nos salíamos de lo escrito en los manuales ni en una coma y eso a la larga puede convertir las partidas en algo “que ya has visto”. Un tema que se agrava cuando las partidas siguen esquemas similares: ves siempre a los mismos enemigos, con las mismas armas, en los mismos sitios de siempre. A pesar de todo al principio es genial.

Sin embargo yo soy muy dado a intentar repetirme lo menos posible (otra cosa es que lo consiga, claro), y me encontraba queriendo diferencias pero sin saber por dónde obtenerlas. Shadowrun fue la catarsis de mis intereses a ese respecto.

Shadowrun fue, y para mí sigue siéndolo, uno de los juegos mainstream que más énfasis ha podido hacer en el “hazlo tú mismo” o en “crea tus propias cosas”. Desde que empecé a disfrutar de él y más aun desde que cayeron en mis manos manuales como El Grimorio, pude ver que SR incentivaba a los DJ y jugadores a ampliar el mundo. Ya no es que fueran los clásicos manuales de hechizos o equipo, que tienen todos los juegos y que son recopilaciones mastodónticas de material, sino que incluían información sobre cómo hacer los tuyos propios. O sea que no se trataba del típico epígrafe donde te explican que las reglas están para saltárselas, sino de un conjunto de reglas que decía a gritos “eh, tío, así es como lo hacemos nosotros, si quieres más a tu gusto de lo que sea ya sabes exactamente como tienes que darle movimiento”.

Puede parecer mentira, pero a mí me pareció una revolución cuando descubrí todo eso y se dispararon todas las alarmas sobre las minúsculas ampliaciones de información. Muy pocos juegos han desarrollado de esa manera la creación de nuevos contenidos por parte de los propios jugadores, pero en mi caso ayudó mucho a liberarme de las ataduras de las reglas y los trasfondos escritos en piedra y a poder sentirme cómodo metiendo mis propios contenidos, aunque tuvieran que ser inventados sin las guías que me habían inclinado a hacerlo. Tanto para Shadowrun, que fue con el que todo empezó para mí, como en todos los demás juegos que he manejado a lo largo de los años. Desde entonces creo que no he escrito ninguna aventura en la que no inventara alguna clase de material adicional para el juego en que se desarrollara, da igual cómo.

A día de hoy creo que la creación de pequeños detalles para los juegos es una de las bases sobre las que se sustenta TPF:Génesis. Lo cual no está nada mal, ya que le ha permitido cumplir hoy mismo su primer año de edad.